Diseñado para el rigor que la institución necesita.
El dinero se queda en la cuenta de la institución. Cada operación se firma electrónicamente con validez legal y todo el tratamiento de datos cumple con el RGPD.
Cada consulta, registrada
El acceso a datos personales deja rastro: queda constancia de quién consultó qué y cuándo, también dentro de Ankla.
Cada institución, aislada
Ningún colegio puede ver los datos de otro. La separación está a nivel de base de datos, no solo en la pantalla.
Un registro que no se puede cambiar
Cada operación del contrato queda guardada con un sello digital. Nadie puede modificarla ni borrarla después.
Firma electrónica con validez legal
Los contratos se firman con un proveedor oficial de firma electrónica (norma europea eIDAS), que guarda el original certificado.
Responsabilidades claras
La institución manda sobre esos datos personales. Ankla solo los trata por encargo suyo y bajo contrato.
Dentro de las normas
Operamos bajo la normativa española de contratos y bajo las reglas europeas de cobros domiciliados (SEPA).
El dinero no pasa por nosotros.
Cada institución cobra en su propia cuenta del banco. El dinero va directo a esa cuenta. Ankla solo aporta el software y gestiona los permisos de cobro que se firman.
Aporta el software y la red de instituciones.
Lo que revisa un equipo jurídico.
¿Quién es responsable de los datos personales?
¿Cómo se tratan los datos de un menor?
¿La firma electrónica vale lo mismo que una firma en papel?
¿Se puede modificar o borrar un registro de operaciones?
¿Y si alguien quiere ejercer sus derechos sobre sus datos?
¿Lo revisamos con su equipo jurídico?
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